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Articulo publicado hace 10 meses

¿Por que los bebés en el arte siempre han sido tan feos?

Para aquellos que odian a los bebés o no soportan estar junto a pequeños humanos por demasiado tiempo, estos son usualmente desagradables. Y probablemente sea cierto que no todos son bellos ni merezcan la condescendencia de los adultos que se presumen entre sí fotos de sus pequeños retoños, pero no hay que exagerar. Si de verdad queremos admirar a un niño de terrible fisonomía, basta con revisar las pinturas del Renacimiento; esos sí que eran monstruosos, incluso diabólicos. Pero ¿acaso esos retratos obedecen a una realidad apabullante de diminutas personas-espanto? ¿Cómo es que la gente del siglo XV seguía procreando si veían esos resultados?

bebes en el arte presentacion

Si estamos un poco perdidos y se desconoce de lo que hablo, hay que revisar un poco el arte sacro de esa época para saber a lo que me refiero. Si se ve con cuidado, o incluso de rápido y aterrador vistazo, es posible identificar que los bebés retratados en esas pinturas no se ven muy normales o muy tiernos; al contrario, invitan a no seguirles mirando y abandonar cualquier idea de ser padres algún día. Sin embargo, su razón de ser extremadamente feos va más allá de males congénitos o una comunidad peculiarmente poco agraciada.

bebes en el arte virgen

Para empezar, revisemos dos conceptos que nos servirán de guía para estudiar la horribilidad de esas pequeñas personas renacentistas:

1. Uno es el de arte religioso, el cual hace referencia a pinturas, esculturas, grabados o cualquier otra disciplina visual que tuviera como fin el representar alguna escena o pasaje litúrgico sin estar, necesariamente, en un recinto sagrado o de culto. Son obras que encontraban su inspiración en la fe y el amor a Dios sin estar destinadas a la adoración.

2. En caso contrario, el arte sacro, nuestro segundo concepto a revisar, era una práctica destinada a rendir culto sagrado o divino; estas producciones artísticas, de hecho, no estaban destinadas a una apreciación que no fuera la de comunicar al Cielo con la tierra. Aunque el arte pudiera pertenecer al pintor, el ordenamiento, la composición y el mensaje de estas obras eran de la Iglesia. Funcionaban como representaciones simbólicas para una inteligibilidad universal y sometida tanto a las órdenes eclesiásticas como a la monumentalidad de sus iglesias.

bebes en el arte sagrado

Las pinturas del Renacimiento no estaban dispuestas para la apreciación sin más de la gente; en su mayoría, eran comisionadas y pensadas para espacios selectos, especialmente, aquellas que hoy se pueden rescatar de viejas iglesias o recintos litúrgicos. En aquel entonces (siglos XV y XVI), el arte sacro, ese ex profeso para un templo, se posicionaba en las alturas de ese lugar infundiendo fe y temor. Sus dos sentidos más claros en un carácter que le impedía ser visto como una práctica artística.

Aquí es donde la aclaración sobre tipos de arte, épocas e interpretaciones se hace pertinente; en ese momento histórico donde la luz en una iglesia provenía de velas y era muy fácil perder de vista los detalles en las pinturas, fue de extrema importancia resaltar algunos gestos o muecas en sus personajes. Principalmente para hacer reconocible la expresión de esos personajes e imponer al espectador.

bebes en el arte mirada

Ésta es una de las razones esenciales para que un bebé no apareciera como tierno en los retratos. Además, estos individuos no suponían una apreciación mundana en dichas composiciones, el simbolismo que gobernaba ésta exigía que esos niños –generalmente Jesús– estructuraran una idea de sabiduría, inocencia y poder divino en la mente de los iletrados feligreses. La ignorancia de los devotos requería imágenes contundentes y éstas, a su vez, necesitaban de bebés con esa presencia adulta que evocara a Cristo.

bebes en el arte madre y jesus

Esto sin mencionar que, efectivamente, esos bebés pudieron haber sido pintados obedeciendo a la realidad exacta de su época; quizá es nuestra exigencia contemporánea la que nos hace observar todo en una mediación de filtros o “embellecedores” que distorsionan los estándares con que deseamos ver lo que aparece. Bien pueden ser fieles estos rostros a la sociedad que les concibió, pero influye fuertemente la idea que tenemos de lo estético para creer que son falsas, independientemente de que ciertos recursos estilísticos fueron necesarios para su funcionalidad en la Iglesia.

bebes en el arte madre maria
Ahora, habiendo aclarado el origen de la fealdad en los bebés renacentistas, quedan dos cuestiones insalvables: los pequeños humanos siempre han causado asombro o extrañeza y muy probablemente estas pinturas nos persuadan de no dejar descendencia.

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